¿Cómo piensa un niño?: “La otra carta”

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Es época de Navidad, y parece que época de mover conciencias. ¿Qué siente o cómo piensa un niño cuando ve el anuncio de “La otra carta” de Ikea? Me pareció que era el punto de vista que no había escuchado aún, y hoy mi hijo ha querido compartirlo con vosotros. En realidad así es como practicamos la filosofía con niños en casa: propones un tema, entregas el material, lo siente cada uno, y luego se pone todo en común en un diálogo y debate. Es algo que recomendaré siempre porque sin duda es una actividad enriquecedora para todos los que participan. Los niños se descubren pensando, sintiendo, analizando, comprendiendo, siendo escuchados… y tú descubres que siempre puedes aprender más de tu hijo de lo que crees. Cuanto más lo practicas, más te gusta el juego; no se trata de decir lo que el otro quiere escuchar, sino lo que uno quiere decir y encontrarse modificando pensamientos y sentimientos enriquecidos por lo que otro te muestra.

campañas solidarias de cara a Navidad

A mí el vídeo me encanta, los niños me encantan, Natalia del blog Las historietas de mamá me encanta (y digo Natalia porque la puedo sentir quizás un poco más que al resto por conocerla más aunque sea a través de un blog y redes sociales), las luces me encantan, el ambiente, el mensaje… Pero eso no significa que tras sentirlo no pueda pensarlo. Y la verdad es que después de “pensarlo” junto a mi hijo lo sentimos de forma diferente a como lo “sentimos” la primera vez, pero es lo que ocurre cuando uno se para a ver la realidad: quizás descubres que no es tan ideal, pero que al fin y al cabo se puede mejorar gracias a los ideales que todos tenemos. Es lo que llamaría transformación real con retales de sueños. Así que me da igual lo viral y beneficiosa que pueda ser una campaña para una marca, o entidad, me gusta si consigue mejorar un poquito las realidades.

No obstante me gustaría poder comparar esta campaña a nivel de datos con otras como por ejemplo la de “Ponte en mi lugar”, o la de las  becas comedor de cara a la Navidad, ambas de de Educo

O con la campaña de La Obra Social “la Caixa”: “La magia de la Navidad” que busca microdonativos para que cada “micro” sume y se transforme en una ayuda “macro” para hacer que la igualdad de oportunidades sea algo real.

Me encantaría conocer resultados y compararlos para comprender mejor cómo funcionan estas cosas de lo virtual, y comprobar si me equivoco o no con lo que creo. Pienso que a todos nos mueve el corazón cuando se trata de un niño, aunque hemos dejado de creer y confiar todo lo que aún deberíamos cuando se trata de un adulto. Y pienso que a veces creemos más en lo artificial de lo virtual que en la imperfección de la realidad. Pero reconozcámoslo, la realidad no cambia con cada vez que compartimos, damos un me gusta o hacemos un retweet. La realidad cambia con cada pequeña acción anónima, silenciosa y solidaria que cada uno hacemos.

Volviendo al spot de “La otra carta” hay quien dice que un vídeo ideal para vender y hacerse viral. Desde luego que ha conseguido hacerse viral, pero ¿qué vende? ¿Muebles? Pues mira, no creo que ahora todos compremos muebles de Ikea por ese vídeo, pero hay que reconocer que ha sabido vender un guiño a la familia y entrado por la mejor puerta a los padres y, sobre todo, a las madres, y eso también vale mucho para una marca. Ahí en realidad lo que se vende y compran son ilusiones. Y compramos ilusiones porque ya tenemos realidades. Yo compro ilusiones mucho más a menudo que cosas. Compro las ilusiones de Ikea, las ilusiones de Coca Cola y su “haz feliz a alguien”, compro las ilusiones de la lotería de Navidad… Y compro las ilusiones de la gente que conozco y las de gente anónima también (aunque no compre nada material de ellos) Me gusta sentir y la gente que me hace sentir. Pero la vida es marketing, y todos lo hacemos (mejor o peor, con una intención u otra) pero lo hacemos. Ya os lo he contado más veces: practico el marketing a diario con mis hijos; analizo cómo son y qué les va a gustar. Se lo “vendo”, y ellos luego acaban decidiendo qué vuelven a “comprar” y qué no, pero es raro que no compren para al menos probar. Y funciona, porque al igual que mucha publicidad hoy en día el marketing de emociones funciona.

cómo piensa y siente un niño: “La otra carta”

  • le encanta, y elegiría la carta para los padres. Pero si empezamos a filosofar…
  • dice que si se lo hubieran preguntado a él habría pensado: “esto tiene que tener truco” (qué pronto se empieza a perder la inocencia, pensé)
  • no sabría qué poner pero sabe que a nosotros nos encantaría que eligiera la carta a los padres. Que habría puesto algo como jugar al monopoly para salir del paso y no quedar “mal” (me hizo pensar por qué un niño teme quedar “mal” ante un adulto), y dijo que era un “marrón” hacer elegir entre esas cosas porque no querría quedar mal (de nuevo sale el tema) al pedir algo material que quiere y no tiene
  • me preguntó que si solo pudiéramos elegir entre asistir a trabajar o asistir a la función de Navidad qué elegiríamos, y que creía que eso era devolver el “marrón”
  • me dijo que hay muchos niños que necesitan mucho más de lo que él o los niños del anuncio pudieran necesitar y que no hay que ir a África para verlos, que no salen en los anuncios pero sí en los telediarios. Eso me hizo temblar la voz hasta recomponerme. Pensé en el papel que jugamos en las redes sociales y en el papel que jugamos en la vida… todavía se me hace un nudo en la garganta por lo que me enseñó con esa frase.
  • si se trata de pedir aquello que quiere y no tiene de verdad, sin que nadie le juzgara, pediría la camiseta de baloncesto con el nombre de su jugador favorito aunque eso no quedara tan bonito pedirlo, y que de hecho, y con confianza, me la pide porque ya debería saber que si fuera el fin del mundo y solo pudiera salvarme a mí o a esa camiseta me salvaría a mí, pero que como no es el caso… Todos hacemos nuestros sacrificios, y los niños no iban a ser menos. Tengo que pensar más en qué sacrificios elige y cuáles están condicionados por mí.
  • cree hay niños que eligirían la carta a los Reyes Magos si no se enteraran los padres u otros adultos (me dijo que a veces no tienen por qué elegirnos siempre y que eso no significa que no seamos fundamentales, pero que a veces les puede más lo que ellos quieren que complacer a los padres). Que es como si le pregunto si quiere ir con sus amigos a jugar al fútbol o a casa de nuestros amigos a escucharnos hablar de cosas que no le interesan: ¿quieres escuchar lo que tú quieres o quieres escuchar lo que yo quiero? (¿no es eso lo que le decía yo cuando empezamos a filosofar hace tiempo?, jajaja)
  • me planteó que si nosotros veríamos menos egoísta si el niño pide comida en lugar de juguetes. Que a veces no tienen por qué ser egoístas cuando quieren cosas de niños. Y que otras veces saben que lo son, pero que es algo irresistible.
  • cree que algo hay de “raro” en el anuncio cuando ningún niño elige la carta a los Reyes Magos, y que si los niños no supieran que los adultos estamos siempre juzgando lo que hacen (pensé cuánta razón tenía con lo de juzgar), habrían salido más niños pidiendo cosas materiales que quisieran. Le pregunté si creía que el “raro” era él… Dudó, pero con firmeza dijo que no lo creía: que conoce a otros niños y sabe que también pensarían así. Dijo que quizás eso no se mostraba en el anuncio, pero que se apostaba algo a que al menos algún otro niño lo había dicho. También me dijo algo muy curioso: Emma es egoísta, pero lo aceptamos porque es pequeña y porque ya irá aprendiendo poco a poco, ¿cuándo habéis decidido los adultos que ya no podemos ser egoístas? (cree que deberíamos avisarles para pedir todo antes de que ya no se les permita, jajaja, y dice que se refiere también al egoísmo no material)

En fin… que solo quería añadir otros puntos de vista. Que a veces no se necesita de un anuncio para saber qué quieren y necesitan los niños porque solo hay que acercarse y hablar con ellos. Y comprenderles, para demostrarles que pueden seguir contando con nosotros aunque crezcan. Los adultos somos adultos, y los niños, niños. El niño solo necesita crecer para tener pensamientos adultos con sus propias experiencias, porque la vida ya se las da.

Creo que los adultos tenemos agitadas las conciencias, pero hemos perdido la inocencia de confiar en otros adultos a la primera, y que a veces tanta agitación no permite reconocer que a veces la mano que necesita nuestro apoyo está más cerca de lo que creemos.

¿Os cuento un secreto? Una vez decidí que no daría más dinero a quien pide a la puerta de los supermercados porque una vez reconocí a una persona jugando en una máquina tragaperras, y pensé que quizás fuera lo que yo le había dado. Pero mi madre me enseñó (y no hará mucho de ello) que podía preguntarles si querían algo del supermercado porque era con lo que podía colaborar.

Si con los ideales y retales de sueños se puede mejorar un poco la realidad de quien cada uno tiene más cerca, la campaña de la humanidad tiene éxito. Y esa no necesita hacerse viral, porque será la campaña silenciosa más efectiva de todas.

¿Creéis efectivas este tipo de campañas? Y con efectivo me refiero a resultados reales, no virtuales ¿Creéis que si mejoran la realidad ya tienen algo positivo?

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